Partimos de las siguientes premisas extractadas de las bases de una convocatoria al uso:
Cien preguntas en total.
Dos preguntas contestadas mal, descuentan una correcta.
Seis preguntas en blanco, descuentan un correcta.
1º CASO) Tenemos una respuesta como cierta con total seguridad, y tres que sabemos que son falsas, es decir el caso ideal. Contestar siempre. Probabilidad de acierto del 100%.
2º CASO) Estamos seguros que hay que descartar dos respuestas y dudamos entre las dos restantes. Contestar siempre.
Supongamos que tenemos 36 preguntas en estas circunstancias: Si las contestamos todas, lo razonable es esperar que se acierte la mitad, puesto que se duda entre dos opciones. En realidad siempre se acertará algo más de la mitad, porque el instinto también cuenta, pero vamos a objetivar en 36 respuestas, que supondrán 18 aciertos y 18 fallos.
Si contestamos 18, tendremos 18 puntos por los aciertos y habrá que restar 9 puntos por los 18 fallos restantes, en total un saldo positivo de 9 puntos a nuestro favor.
Si no las contestamos, como por cada 6 blanco nos descuentan un punto, tendremos 36 en blanco, lo que supone un saldo total de -6 puntos en nuestra contra.
En total la diferencia entre contestarlas +9 y no contestarlas -6, es de nada menos que 15 puntos a nuestro favor de la opción conestarlas todas.
3º CASO) Tenemos una respuesta completamente descartable, por que es una “burrada”, se refiere a otra cosa, etc., y dudamos por igual entre las tres respuestas. Contestar siempre.
Aplicamos la misma lógica: Sobre 36 preguntas en las que dudamos entre tres opciones, si por ejemplo siempre elegimos la opción b), terminaremos en buena lógica por acertar 12, que es la tercera parte, (en realidad será algo más porque por instinto tenderemos a descartar alguna otra que nos parecerá una “semiburrada” o nos dará “mala espina), pero objetivaremos por el análisis sistemático en 12 aciertos y 24 fallos.
Si contestamos, pues, las 36, tendremos 12 puntos por los aciertos y restaremos 12 puntos por los 24 fallos, total de saldo cero, no estropeamos el resto del examen.
Si no contestamos, como por cada seis en blanco perdemos un punto obtendremos un saldo total de – 6 puntos en nuestra contra.
Luego contestar.
En total la diferencia entre contestarlas +0 y no contestarlas -6, es de nada menos que 6 puntos a favor de la opción de contestarlas todas.
4ºCASO) No tenemos ni idea de cuál es la respuesta correcta. Contestar siempre.
Aplicamos la misma lógica: Sobre 36 preguntas lo razonable es acertar “al voleo” sólo la cuarta parte, o sea 9. (Siempre se acierta algo más pero objetivaremos a 9).
Si contestamos, con arreglo a las leyes de probabilidad, deberíamos acertar la cuarta parte, o sea, tendremos 9 puntos a favor y por los 27 fallos nos descontarán un saldo total de – 6 puntos en nuestra contra.
De manera que, en principio, (luego se matizará esto), también en este caso hay que contestar todas, porque se nos descontarán 2 puntos menos, sobre la nota que tengamos en las preguntas correctas, si hemos contestado las 36 y acertado nueve, que si dejamos las 36 en blanco, lo que equivale a un saldo a nuestro favor de 2 puntos.
Comentario general:
En estas bases de convocatoria, lo que altera todo y produce este resultado matemático sorprendente, es el juego de la claúsula de un punto menos por cada seis preguntas en blanco. Es un elemento de una extraordinaria importancia, pero cuyo valor verdadero es fácil que pase desapercibido, porque el observador tiende siempre a cometer el error de evaluarlo fijándose en pocas preguntas, por ejemplo en 2 o 4 preguntas dudosas, que se prefiere dejar en blanco. Pero en un examen de 100 preguntas, a poco que sea muy difícil, o esté algo desenfocado respecto a los temarios habituales, este factor afectará a muchas más preguntas y si se analiza el tema con cifras altas, es cuando se advierte hasta que punto condiciona el examen y hasta que extremo se penalizarán las preguntas sin contestar. La respuesta en blanco es lo que más se penaliza en este ejercicio, incluso más que el arriesgarse a fallar, de manera que , aún en el caso de que las preguntas dudosas no fueran 36, si no 12, o seis, el peso de este factor, aunque lógicamente será menor, puede marcar diferencias entre los opositores que estén en puntuaciones muy próximas.
Podéis hacer este análisis similar adaptándolo a cualquier convocatoria de oposiciones.



